El primero: testículo, 25 años
Quimio, cero pelo y una cara de enfermo que no se la saltaba nadie. Era invierno.
La misma semana de la quimio me iba al gimnasio. No el mismo día, tampoco soy tan cafre. Cinta, despacio, algo de fuerza con poco peso y a casa. La gente me miraba raro. Calvo, delgaducho y corriendo. Normal.
Para mí el cáncer era una lesión pasajera. (Era joven e ignorante.) Pero esa ignorancia me salvó de algo: nunca me planteé parar.

El segundo: riñón, 37 años
Doce años después, otro diagnóstico. Esta vez, el riñón. Se lo llevaron entero, y de regalo me dejaron alguna cicatriz nueva.

El tercero: metástasis cerebral, 41 años. El domingo que no volví a casa
Un domingo me levanté a las seis, me vestí y me fui a trabajar sin ver a mi familia. A las diez, un ataque de epilepsia. Inconsciente. UCI.
Así encontraron la metástasis en el cerebro.
Lo que yo no viví, porque estaba inconsciente, es que un médico le dijo a mi mujer que no sabía si despertaría. Ella lo escuchó sola.
Desperté. Desde entonces, cada día abrazo a mis hijos y a mi mujer y les digo que los quiero. En voz alta. Porque sé, de primera mano, que el martes puedes no tener ocasión.

Lo que no se ve
Por fuera parezco el de siempre. Lo que no se ve es la cantidad de rutinas que me monto para que la memoria no me deje tirado. Notas, repeticiones, todo en su sitio. Soy un tío con la memoria parcheada que ha aprendido a disimularlo.
Lo que hago ahora
Llevo 14 años haciendo CrossFit y no he parado ni en quimio. He adaptado, he bajado el ritmo cuando tocaba, he hecho el ridículo alguna vez. Pero no he parado.
Tengo mujer, dos hijos y una furgoneta donde dormimos los cuatro apilados porque, según yo, eso es unir a la familia. Ellos opinan otra cosa.


He hablado en la Associació Heura, en la primera cantada de corales contra el cáncer de Alguaire, en la Escola Abel Ferreter y en Canal Reus.
Y ayudo a personas con cáncer a atravesarlo con la cabeza en su sitio: mentalidad, vitalidad y complicidad. No soy médico ni psicólogo. Soy prueba viva de lo que cuento.
Mi oncólogo y yo ya nos tuteamos. Espero que tú no llegues a ese nivel de confianza con el tuyo.
— Roger